Diseño feminista: empoderamiento, equidad y educación.

Actualizado: abr 16

Por Melissa Mota


A lo largo de la historia el diseño ha tenido la función de elaborar productos que satisfagan necesidades de la sociedad, sin embargo, en el sistema patriarcal –en el que aún vivimos– el rol de la mujer en la disciplina y la atención a sus necesidades propias han estado invisibilizadas o subvaloradas.


De la mano de la lucha feminista y del avance tecnológico, desde la mitad del siglo XX han surgido paulatinamente diseños innovadores que cuestionan los paradigmas masculinos en la práctica y los estereotipos occidentales impuestos a su otredad. A pesar de ello, el camino aún es largo. Descentralizar al hombre en campos ligados a un sistema político y económico pensado y creado para él, no ha sido tarea fácil.



Haré lo que deseo: Diseño y empoderamiento femenino, curada por Jimena Acosta y Michelle Millar Fisher, hace un recorrido histórico por las contradicciones y la complejidad del diseño dirigido a mujeres desde el siglo pasado, generalmente realizado por hombres pero no consumido por ellos.


La exposición abarca tres temas centrales: empoderamiento, equidad y educación. A través de la recopilación de cerca de 70 objetos, busca generar una reflexión sobre cómo estos productos han gobernado, formado y facilitado las experiencias modernas y contemporáneas.


“Comenzamos con un claro interés en el diseño (objetos, gráfica, sistemas) que han sido hechos específicamente para mujeres, pero que generalmente no han sido incluidos en el discurso público, por ejemplo en exposiciones o libros, o en el canon del diseño […]

La invisibilidad de la mujer en el campo del diseño ha contribuido al momento actual en donde aún existe un enorme desbalance de género en el campo de la práctica. Sin embargo, actualmente existe un aumento por el interés de diseñar cosas que realmente funcionen para ellas. Es una verdadera oportunidad para interactuar con los consumidores y ciudadanos que están desesperados por un buen trabajo y un buen diseño.

El hecho de que las mujeres hayan sido invisibles nos deja con un canon histórico que necesita ser repensado”, menciona Fisher.


Empoderamiento


De los años 60 a los 80 –periodo que abarca la segunda ola del feminismo–, las mujeres comenzaron a exigir derechos sobre su cuerpo y la reproducción. Además el movimiento tomó un carácter multicultural y multirracial, lo que permitió poner sobre la mesa temas antes poco atendidos.


El primer eje temático de la exposición aborda la capacidad que ha tenido el diseño para empoderar a la mujer en temas relacionados a los ciclos corporales y la vida reproductiva. Las curadoras analizan inventos clave que se han realizado para el control de la fertilidad como la prueba temprana de embarazo, el dispensador de anticonceptivos, el condón femenino, el diafragma o el anticonceptivo inyectable Sayana Press.


Por otro lado, se enfocan en la evolución del diseño dirigido a la menstruación, abarcando desde los primeros tampones de los años 30 y la evolución de la toalla sanitaria, un invento que surgió por casualidad cuando durante la Primera Guerra Mundial las enfermeras se dieron cuenta de la capacidad de absorción de sangre de la mezcla de celulosa y algodón, desarrollada por Kimberly Clark para contener las hemorragias de los soldados. Este recorrido pasa por las primeras toallas con adhesivo de los años 70 –una innovación revolucionaria por permitir mayor control y libertad de movimiento–; alternativas que ofrecen soluciones a las mujeres de países en vías de desarrollo, que no poseen los recursos económicos ni la accesibilidad a toallas desechables, por ejemplo, la toallita go! hecha en Ruanda a base de fibra de plátano, y los inventos más novedosos como la copa menstrual y productos biodegradables como los tampones “Cora” hechos 100% de algodón orgánico.


Asimismo, se genera una reflexión sobre la percepción social de la menstruación, un evento que por siglos ha estado cargado de connotaciones negativas por relacionarla con la impureza y lo antihigiénico. La serie fotográfica There will be blood de Arvida Byström subvierte esta mirada al retratar mujeres menstruando durante sus actividades cotidianas. Lo mismo sucede con la fotografía de Kiran Gandhi durante el maratón de Londres de 2015 –feminista que decidió no usar ningún tipo de protección durante la carrera, lo que escandalizó al público y a la prensa cuando al llegar a la meta su ropa estaba manchada con sangre– y la obra gráfica de Soofiya Andry, quien aborda abiertamente el tema a través de la ilustración de revistas y libros como Bloody Hell, My Little Red Book o Radical Softness.



En este contexto de subversión de tabúes se presenta el video Clítoris, una canción cargada de humor compuesta e interpretada por Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, en donde hacen un “homenaje al único órgano del cuerpo humano que sólo sirve para dar placer”, como ellas mismas lo describen. Generalmente la educación sexual omite nombrarlo, de hecho, fue hasta 1998 cuando una mujer, la uróloga australiana Helen O’Connel, hizo por vez primera la descripción completa de la anatomía del clítoris. El que sea un hecho tan reciente deja ver la indiferencia histórica y a la vez la censura hacia el placer femenino.


Equidad


En este segundo eje temático se explora el papel que el diseño juega ante la desigualdad de género. A lo largo de la historia la mujer, por su condición biológica, estuvo relegada al trabajo doméstico; una actividad demandante y minimizada culturalmente. Con la entrada femenina al mundo laboral, surgieron innovaciones para poder sobrellevar la maternidad con su nuevo ritmo de vida, tal fue el caso del tiraleche. Si bien, es un invento que surgió a mediados del siglo XIX (los primeros aparatos eran ruidoso, doloroso y únicamente utilizado en contextos médicos) fue hasta los años noventa cuando las mujeres pudieron utilizar el tiraleche eléctrico desde la comodidad de sus casas.


Con el fin de mejorar su funcionamiento, en 2014 se organizó el primer hackathon[1] titulado “Make the Breastpump Not Suck!”, en el que se reunieron más de 150 diseñadores, ingenieros, parteras y padres. De allí surgió la “carcaza para motor del tiraleche”, una innovación de los padres y emprendedores Christine y Tim Brothers que reduce el sonido de la máquina para dar mayor discreción a la mujer, ya sea en el trabajo o en el hogar.


En la plática TED The Magic Washing Machine, Hans Rosling habla sobre lo que significó el surgimiento de la lavadora para las mujeres, ya que el ahorro de tiempo de actividades domésticas gracias a la industrialización, les permitía tener mayor tiempo para ellas y para sus hijos. En su caso, por ejemplo, esta adquisición permitió que su madre pudiera leer novelas y que lo llevara a la biblioteca. Sin embargo, la lavadora continúa siendo un lujo, en la actualidad un tercio de la población lava a mano, especialmente en los países menos desarrollados, lo que deja ver una desigualdad de género estrechamente ligada a la inequidad socioeconómica.


En el caso de México, las mujeres indígenas representan el sector más invisiblizado y marginado de la población. La discriminación la viven en términos raciales, económicos y de género. El sistema capitalista las ha excluido y ha desprestigiado algunas de sus costumbres milenarias, como es el caso del alumbramiento vertical, práctica que en los últimos años se ha revalorado y ha sido adoptada por mujeres que viven en las ciudades, que buscan alternativas a la medicina alópata.


En la exposición se muestra una réplica de una silla maya de parto vertical que, como apunta Acosta “Se trata de tener tu propia experiencia de dar a luz, usando la verticalidad y la gravedad a tu favor. No se trata de la conveniencia de los doctores o de las enfermeras, es un objeto que verdaderamente da la espalda a la obstetricia moderna”. Éste es un claro ejemplo de cómo el diseño tiene la capacidad de jugar no sólo un papel despatriarcal, sino también decolonizador.


Junto a esta pieza se muestra un rebozo realizado en la comunidad de Aldama, Chiapas. Esta prenda, al ser atada a un árbol, sirve como tracción para que las mujeres puedan dar a luz, y posteriormente es utilizado para cargar al bebé en su espalada.


“El rebozo es una declaración anticolonial (colonial en términos de recuperar la propia cultura nacional, pero también el poder materno de una cultura sobremedicalizada) y aborda la aún posible simplicidad e intimidad de dar a luz […] Se dirige a la lucha, la experiencia corporal y el derecho a ser dueño de su trabajo de parto”, agrega Fisher.


El índice de muerte por complicaciones en el embarazo y el parto a nivel mundial es alarmante. Al año mueren cerca de 250,000 mujeres por esta causa, una situación ligada a una atención médica deficiente en los países tercermundistas. En la exhibición se incluye un ejemplar del LifeWrap NASG, un traje de primeros auxilios que la doctora estadounidense Suellen Miller introdujo a Nigeria para combatir las muertes por hemorragia obstétrica. Basada en una tecnología desarrollada para la NASA, este dispositivo consiste en hacer presión en la parte baja del cuerpo para forzar a la sangre a ir a los órganos vitales, lo que permite en algunos casos ayudar a que el cuerpo coagule la herida o a mantener con vida por algunas horas a la paciente en lo que se encuentra a un donador. Actualmente este dispositivo se utiliza en 33 países.


Educación


En un sistema patriarcal es lógico que la educación sobre el cuerpo femenino haya estado en un segundo plano y que las propias mujeres no conozcan las partes de su aparato reproductor. Aunque ha habido un avance significativo en la educación sexual desde finales del siglo XX, hoy en día la ignorancia sobre el propio cuerpo continúa siendo una realidad.


En 1969, doce mujeres feministas formaron en Estados Unidos el grupo "Boston Women’s Health Collective", que tenía como fin investigar y debatir sobre el cuerpo femenino, cuestionar la calidad médica que las mujeres recibían y abrir temas referentes a la sexualidad y al aborto. En 1971 publicaron el libro "Our bodies, ourselves" a través del cual buscaban que las mujeres tomaran el control completo de sus cuerpos.


La exposición muestra un ejemplar de la segunda edición junto con otras publicaciones importantes que luchaban por lo mismo, como la revista mexicana "Fem" y las británicas "Spare Rib" y "Nova". Además del valor de su contenido, destacaba en ellas la creatividad en el diseño gráfico por su impacto visual.


En la actualidad, la tecnología se ha convertido en una aliada para el reconocimiento del cuerpo femenino. Como una forma de visibilizar los genitales femeninos, que normalmente son invisibles tanto física como psicológicamente, la diseñadora Teresa Almeida desarrolló "Labella" , un sistema de realidad aumentada que conecta un teléfono celular con el calzón de la usuaria. Esta app permite que el teléfono inteligente funcione como espejo del suelo de la pelvis para ayudar a identificar y nombrar las diferentes partes de la anatomía femenina de una forma sencilla e interactiva.


En México un alto porcentaje de las mujeres que mueren por cáncer cervicouterino pertenecen a comunidades indígenas. Una de las causas es que en algunas culturas, como la zapoteca, no existen palabras para nombrar las partes del sistema reproductivo femenino, lo que dificulta la comunicación con el médico. Ante esta situación, Hugo Muñoz y Emilio Solís, se dieron a la tarea de entablar un diálogo con mujeres zapotecas, lingüistas y un sociólogo para hacer un diccionario zapoteca-español de seis palabras: vagina (donde se reúne la pareja), cérvix del útero (la puerta a la casa del bebé), ovarios (donde nace la semilla de la mujer) y trompas uterinas (el camino de la semilla humana). El proyecto derivó en un libro ilustrado escrito en zapoteco en el que se describe cada concepto, el cual fue repartido en la comunidad con el fin de que las mujeres puedan tener las herramientas comunicativas para detectar y tratar a tiempo cualquier enfermedad.


Uno de los retos más importantes del feminismo es generar una educación que rompa con estereotipos encarnados en la sociedad, que han contribuido a categorizar por género a los niños y niñas. Para lograrlo se debe transitar a un lenguaje educativo y de empoderamiento desde temprana edad. La colección de libros infantiles Antiprincesas de los argentinos Nadia Fin y Emiliano “Pitu” Saá, es un ejemplo de ello. Sus publicaciones se inspiran en heroínas y artistas latinoamericanas que, lejos de los valores depositados en las princesas de Disney, muestran a mujeres inteligentes, independientes, revolucionaras, activas, mestizas y morenas.


Esta lucha para romper con las concepciones de género heredadas se pude ver también en los videos que se presentan de las campañas “I Will What I Want” de la marca Under Amour y #LikeAGirl de Always, que señalan los obstáculos cotidianos a los que se enfrentan niñas y mujeres en la actualidad por la forma en la que están condicionadas desde pequeñas para concebirse como personas débiles y la presión por alcanzar estándares de belleza contemporáneos.

Finalmente, la exposición aborda la relevancia de los movimientos de mujeres que luchan por la igualdad de género y exigen soluciones para frenar la violencia en su contra. En uno de los muros se pueden apreciar esténciles con las leyendas #NiunaMásy #NiunaMenos", consignas de movimientos en México y Argentina, respectivamente, que piden justicia y acciones ante los numerosos feminicidios ocurridos en sus territorios.


“Todos los movimientos e iniciativas tienen un eco en la sociedad en general y en la población joven. Sin embargo, todavía hay mucho que hacer en términos de educación y políticas públicas. Por ejemplo, ¿cómo pueden crecer los niños dentro de los valores de igualdad de género si la pornografía se les impone en cada puesto de periódico y en cada espectacular que invade nuestra ciudad?, ¿cómo pueden crecer de manera diferente si el lenguaje oral y visual que los rodean y los forman no cambia?” menciona Acosta.


Haré lo que deseo: Diseño y empoderamiento femenino brinda al espectador un panorama amplio de diseños que en la cotidianidad pueden pasar desapercibidos, pero que han sido fundamentales para abrir camino a la reivindicación femenina. Ya sea en el campo gráfico, textil, editorial, industrial o interactivo, el diseño ha demostrado ser una herramienta política, social y cultural que puede cambiar el presente y, sobre todo, el futuro para las mujeres.






[1] Encuentro o evento presencial de desarrollo colaborativo de software (o hardware) en un corto periodo de tiempo.



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